Usted se fiaba de su banco. Se fiaba de su moneda. Se fiaba de su gobierno. Se fiaba de sus traducciones.
Pero ahora: las verdades en las que creía se están viniendo abajo una por una; el sistema en el que confiaba tiene grietas. Es algo inquietante. Espantoso... Pero luego uno se da cuenta de que la confianza es buena, y conocer los hechos es siempre la mejor política.
Usted confiaba en sus traducciones, su terminología cuidadosamente seleccionada y sus memorias de traducción creadas con gran esmero y protegidas contra usos no autorizados. Y ahora, se da cuenta de que sus traducciones son tan buenas o tan malas como las de cualquier otro, que los clientes rara vez las leen y que a menudo confían en las traducciones automáticas que a veces, aunque nos pese, son de una calidad sorprendente. Se da cuenta de que hay otros que están compartiendo memorias de traducción, puede que las mismas que usted ha ido alimentando como un valioso patrimonio propio. Se da cuenta, en fin, de que su seguro mundo de la traducción se está agrietando, de que está perdiendo el control. El modelo ya no funciona. Es preocupante, pero es mejor afrontar esta nueva realidad. Abandone la ilusión del control.
La nueva realidad
El mundo está cambiando y la industria de la traducción se está quedando atrás. Esta industria sigue rigiéndose por una mentalidad occidental propia del siglo XX, en la que el mundo desarrollado exporta sus productos y difunde su civilización a los clientes que pueden pagarlo. La traducción es en gran medida unidireccional - del inglés a las principales lenguas - y sólo se hace una por idioma, que sirve para todos los clientes. Tiene un precio por palabra y se gestiona en proyectos, que consisten, normalmente, en documentaciones de producto, instrucciones de uso o interfaces de usuario. Cada proyecto, en principio, está destinado a aumentar las ventas en nuevos mercados y se evalúa según el rendimiento de la inversión. Las eficiencias provienen de una tecnología extremadamente simplista llamada memoria de traducción que fue inventada en los años 80 del siglo pasado y apenas ha avanzado desde entonces.
La traducción del siglo XXI requiere de una visión muy distinta. La hegemonía de Occidente ha terminado y ahora se desarrollan, fabrican y comercializan productos y servicios por todas partes y en cualquier lugar. Los clientes tienen más confianza en sí mismos y ya no leen los manuales, sino blogs y evaluaciones efectuadas por homólogos, y, cuando necesitan información, la obtienen de los sitios de atención al cliente. De hecho, a los usuarios de nueva generación no les hacen ninguna falta las instrucciones de uso; los nuevos productos, si están bien diseñados, son totalmente intuitivos y emplean sistemas plug and play. Pero los clientes de nueva generación también son más exigentes a la hora de comprar un producto.
En este nuevo régimen, la traducción es multidireccional, desde cualquier idioma a cualquier idioma y los requisitos de calidad varían según los usuarios y los usos. La traducción automática es lo suficientemente buena para los volúmenes más grandes de contenido web dinámico, mientras que en los textos de pre-venta se impone dar un paso más en calidad y abandonar la actual política de que una traducción sirva para todos. Estamos en un mercado cada vez más global en el que sintonizar con el estilo y la subcultura de los grupos de clientes nicho marca toda la diferencia. En esta nueva sociedad, el cálculo de los precios en función del número de palabras y la medición del retorno de la inversión no tienen mucho sentido. El software de memoria de traducción aún cumple su función en el negocio de la reducción de la traducción manual, pero es totalmente insuficiente para el creciente volumen de contenido dinámico.
Una lección para la traducción del siglo XXI
En el momento en el que usted sea mínimamente consciente de esta nueva realidad, su preocupación por las filtraciones de textos de traducción comenzará a dar paso a un creciente entusiasmo. La traducción ha salido de las polvorientas bibliotecas y está cobrando relevancia y significado como industria de servicios mundial con miles de millones de clientes. Como elemento característico de todos los dispositivos móviles, constituye la clave para una economía global vital.
Desde luego, no deja de ser preocupante que el 90% de las palabras traducidas vayan a ser generadas por motores de traducción automática, seguramente sin coste alguno para el usuario final. Pero el flujo ininterrumpido de información multimedia hará que el mercado de la traducción sin duda innove y confirme su valor de diferentes maneras. Naturalmente, no hay necesidad de que todas las empresas cambien y de que todo el mundo se automatice. De hecho, habrá una creciente necesidad de traducciones de alta calidad, a medida. Pero si está tentado de unirse a la ola de la innovación, estoy seguro de que va a encontrar una manera de prosperar en este entorno en rápida evolución.
Es fácil pasar por alto uno de los aspectos del futuro de la traducción: la importancia de los "datos". Los datos vienen a ocupar el lugar de las "memorias de traducción" como la clave para la eficiencia. Son un motor a reacción con una potencia mil veces mayor que la de esas hélices de los 80 y que va a dar impulso a los motores de traducción. Los datos controlarán la calidad y la eficiencia de la traducción en el futuro. Y quien tenga acceso a ellos controlará el futuro de la traducción. El acceso privilegiado o monopolizado pondrá en peligro el florecimiento de esta industria en el siglo XXI. La propiedad de las memorias - datos de traducción – es, por lo tanto, un importante y delicado tema de debate. El argumento legal ya pronto dejará de servirnos en esta era de grietas en la traducción. Todo el mundo extrae, lima, enmascara, comparte y utiliza los datos, desde traductores particulares hasta grandes corporaciones globales. Cualquier tentativa de emprender una batalla legal contra el uso no autorizado de datos de traducción seguramente fracasará. Aquí lo único que cuenta es el argumento práctico, y una vez que las traducciones se han publicado, ya no hay manera de controlar las filtraciones. En confianza: ¿no le gustaría darle la vuelta al argumento? Si sus traducciones no son confidenciales, por qué no compartir esos datos con todos los que puedan usarlos para mejorar la eficiencia y la calidad de la traducción en su conjunto. ¿Qué le impide hacerlo?
Le deseamos prudencia
Aquí estamos, al principio de la segunda década de un nuevo milenio, enfrentándonos a verdaderos dilemas. Sé lo difícil que es dar ese paso tan radical de un mundo a otro. Pero tenga en cuenta que mientras usted está dándole vueltas a qué dirección tomar, sus traducciones se están filtrando.
Le deseamos prudencia y éxito en 2011 y en toda la década que tenemos por delante. TAUS, como grupo de expertos de la industria, está aquí para ayudarle, para ser su socio innovador y un puerto seguro en el que compartir sus memorias de traducción.




